Eddie "La Bala" Pérez

2011 - Oleo sobre lienzo 18"x36"

El retrato pictórico ha sido un recurso temático y un gran surtidor de creatividad en la pintura. Desde Da Vinci, Velázquez, Goya y Van Gogh hasta Campeche, Tufiño Rodón, Martorel y Homar vamos encontrando evidencia de obras conmovedoras e impresionantes a través del retrato pictórico. Una de estas nos recuerdan aquellos hitos de la experiencia humana que evocan o sugieren la figura del retrato: gobernantes, generales héroes reales, mitológicos o políticos; hacedores del evento histórico. Otros retratos nos revelan un énfasis del artista, algún homenaje o agradecimiento, una marca del estilo del pintor. Un gran numero de estos cuadros-sobre todo los que pertenecen al primer grupo que aquí mencionamos- responden a encargos de terceros.

 

Al primer grupo podrían pertenecer obras tales como: La Gioconda (Da Vinci), Retrato de Carlos IV y la Duquesa de Alba (Goya), El Dr. Paul Gachet (Van Gogh), Las Meninas (Velázquez), Retrato de Don Luis Muñoz Marín (Fco. Rodón). Retrato de Don Luis A. Ferre (A. Martorell), Retrato de Hostos (L. Homar)

 

Al segundo grupo podrían pertenecer: El retrato del niño Pantaleón Avilés (Campeche; Campeche no pintaba figuras de pueblo, pero este fue un pedido del Obispo Arizmendi) y Goyita (Tufiño).
El cuadro que tenemos ante nuestra vista y que provoca esta breve referencia al retrato pictórico es el realizado por Ángel Cora, titulado Eddie-La Bala-Pérez. También ha sido un encargo; un amigo del artista, empresario filántropo de Bayamón, le solicitó el cuadro al artista para regalarlo al retratado.

 

Eddie-La Bala-Pérez ha sido por décadas integrante de esa prestigiosa institución conocida como El Gran Combo de Puerto Rico. ¡Quién que haya visto y oído a este conjunto musical podría no reconocer al hombre del saxo que movía epilépticamente los hombros mientras tocaba y hacia el coro con el registro más agudo que se haya escuchado en la música popular puertorriqueña! Lo de La Bala, no sabemos si se debe a su personalidad eléctrica, explosiva, dinamitante del mulato o si es la mitad del epíteto que se reserva para las ovejas negras de la familia: las balas perdidas. La dificultad de realización de una obra es mayor en el retrato pictórico si la persona allí retratada es ampliamente conocida porque el retrato no puede parecerse al modelo, tiene que ser él. Tiene que ser el mismo personaje y su circunstancia, tiene que considerarse su entorno aún cuando solo aparezca su imagen.

Los caricaturistas comienzan pintando los ojos y luego las facciones próximas a los mismos se exageran o se varían. El pintor realista (o hiperrealista) que es Ángel Cora procede de otro modo por que su finalidad es otra. Ahí están los ojos de Eddie, casi cerrados porque así lo obliga esa sonrisa abierta, alegre, que a su vez descompone los lados de la cara dejando ver la experiencia que fue ganando a los años. Es el rostro fiel que siempre vimos en la tarima del Gran Combo. Ahí esta Eddie, de pie, actuante, capaz de mover no tan solo los hombros sino todo el cuerpo. El pintor utiliza unos colores vivos, alegres, de fiesta y el saxo se muestra limpio y resplandeciente. El saxo es su alma. Detrás de Eddie hay un fondo que no es penumbra . La música mulata se ha hecho una fiesta de colores a su espalda y quien ve este cuadro no puede hacer otra cosa que recordar y sonreír la fiesta que este hombre y el Gran Combo han sido para el espíritu del país y para el mundo. Eso es lo que se propuso el pintor. En hora buena a Eddie-La Bala-Pérez, al Licenciado José (Pepito) Pérez de Gracia y al maestro Ángel Cora.

© 2020 por Angel L. Cora